miércoles, 30 de mayo de 2018

¿QUÉ ES LA MENTALIDAD DE VÍCTIMA?

Seguramente has escuchado o conocido de primera mano a quienes se quejan constantemente de su mala suerte, sus pocas opciones en la vida, lo desafortunados que son respecto a otros. Pareciera que todo lo que les rodea (personas, amores, trabajos etc.), está ahí con un solo propósito: ¡perjudicarlos! 

Si bien es cierto que existen ciertos casos puntuales en los que una persona realmente puede considerarse víctima de las circunstancias, como, por ejemplo: cuando sufre una agresión, un accidente, secuestro, robo o abuso sexual, o la muerte de la pareja (en estos casos hay motivos de sobra para sentirse víctima del destino).


La realidad es que estas situaciones no son una constante, es por ello que generalmente quien padece “mentalidad de víctima” intenta conseguir llamar la atención de otros, o sentir autocompasión.
Muchos escenarios en la vida pueden resultar realmente injustas, solo de ti depende enfrentarlo haciéndote responsable, o cayendo en un duelo innecesario que no te conduce a mejorar.
He conocido a muchas personas con este tipo de pensamientos, y todas buscan “un poco de atención”. Recuerdo un caso muy puntual: era una estudiante universitaria que alegaba sus fracasos en el ámbito sentimental, laboral y formativo a cuanto recuerdo le atravesaba por la mente. Ella era una “verdadera mártir” a la vista de todos, narraba con naturalidad una violación que sufrió a plena luz del día, en la que (según sus palabras) nadie la ayudó a escapar del agresor. De igual forma, expresaba haberse enamorado de un profesor mucho mayor que ella, pero que debido a la esquizofrenia que sufría tuvo que abandonarlo para evitar que la dañara cuando no conseguía superar sus crisis. Pero además de esto, ella no comprendía por qué no era capaz de conseguir permanecer en ningún empleo más de tres meses. Al parecer “todos la envidiaban” de tal forma que le hacían la vida imposible. Lo mismo le sucedía con sus estudios. Jamás aceptaba que era irresponsable con sus tareas académicas, porque nuevamente “en sus palabras” se trataba de la mala fe que le profesaban sus docentes, quienes, conociendo su precaria situación económica y su mala suerte laboral, cada día le exigían más y más. Es decir, había una absoluta negación para aceptar cualquier responsabilidad sobre lo que le sucedía.
En este caso, quienes la conocíamos un poco mejor, comprendíamos que su perspectiva de la realidad estaba distorsionada. Respecto a los estudios, cada semestre perdía calificaciones porque se quedaba dormida o no entraba a las clases, por lo que jamás sabía que actividades correspondían con cada docente. Y en el ámbito laboral, sus deseos de llamar la atención la hacían hablar de más ante los jefes y clientes, situación que incomodaba a todos, y por ello preferían prescindir de su trabajo.
En todo caso, las verdaderas “víctimas”, eran en buena medida aquellas personas que apenas entraban en su vida. Porque como no la conocían, ella conseguía enredarlas con sus lamentaciones, hasta ganarse la tan esperada admiración, estima y lastima total debido a la “valentía” con la que había afrontado cada dura batalla de su vida.


Cuando alguien asume actuar de esta manera, pierde responsabilidad sobre su vida, porque establece a través de sus palabras que “no puede controlar su destino”. O lo que es igual, llega a sentirse como una marioneta de los demás.
Pero ¿por qué las personas eligen ser víctimas?
Si analizas la historia que te narré anteriormente, es probable que hayas establecido varias de las respuestas a esta pregunta.
En primer lugar, es una forma de sentir que la vida es más interesante que la de los demás. Así que buscan no solo atención, sino cierto control sobre la buena voluntad de quien se les acercan. Si los otros sienten “pena” es más seguro que consigas respeto, afecto y hasta los favores que busca. 
Lo triste sobre quienes asumen mentalidad de víctima, es que, con el paso del tiempo, llegan a dañar por completo sus relaciones interpersonales. 
¡Seamos honestos!, a nadie le gusta convertirse en el pañuelo de lágrimas de otra persona, así que, si llegaste a identificarte con este artículo, recuerda que aun estas a tiempo de hacerte más consciente de lo que pregonas y de la forma en que anhelas que los demás te perciban. Si necesitas ayuda, puedes ponerte en contacto con los psicólogos de Mi Psicólogo Barakaldo en el 675 713 537.