sábado, 2 de marzo de 2019

TIPOS DE APEGO QUE EXISTEN. ¿CÓMO INFLUYEN EN LA EDAD ADULTA?

El apego podemos definirlo como un vínculo de carácter emocional que se establece entre dos personas. Tiende a ser intenso y duradero y a través de él las personas se sienten seguras y protegidas. Generalmente se establece en los primeros instantes de vida y la persona encargada de cuidar al bebé. En la mayoría de los casos, la madre.

El apego le brinda al niño la seguridad y confianza de saber que alguien cuida de él. Por este motivo el niño se siente libre de explorar su entorno y experimentar, ya que tiene la certeza de que hay alguien que lo protege.

De acuerdo a los especialistas, el apego es un vínculo tan estrecho, intenso y fuerte que prevalece hasta el final de la vida.

 ¿Sabías que el apego no es uno solo? ¿Qué existen 4 tipos? Vamos a conocerlos:




Apego Seguro

Es el tipo de apego más común que se establece en la infancia. Si debemos utilizar una palabra para describir a este tipo de apego, la adecuada sería “Incondicionalidad”. Es que este tipo de apego está fundamentado en ella. El niño tiene la seguridad de que su cuidador (padre, madre, otros) siempre están allí, respaldándolo, cuidándolo, preparados a acudir cuando lo necesite o le ocurra algo.

Para los niños que han logrado establecer un apego seguro, la vida es bastante más fácil, ya han tenido el beneficio de contar con padres que han sabido estar presentes, atentos a cubrir cualquiera de sus necesidades.

Estos niños suelen explorar el entorno con seguridad y sentirse a gusto en situaciones fuera de su zona de confort. 

En la edad adulta son capaces de establecer nexos afectivos saludables con los individuos a su alrededor, gozan de una buena autoestima y no le temen a la separación o la soledad. Es fundamental en la vida de todo ser humano haber desarrollado en la niñez este tipo de apego, ya que le ayuda a desarrollar una buena imagen de sí mismo, y en consecuencia, una buena autoestima.

Apego Ambivalente

También conocido como apego ansioso, es un tipo de apego en el cual el nexo que se establece entre el niño y la madre es de naturaleza muy inestable. Este tipo de niños no muestran una actitud segura ni siquiera cuando el objeto del apego (madre, padre) se encuentra cerca.

Estos niños sienten el temor constante de ser abandonados y requieren constantemente la aprobación materna o paterna.

Las personas que en la niñez experimentaron este tipo de apego son personas inseguras, irritables, con un miedo irracional a la soledad. No logran establecer relaciones interpersonales saludables. Generalmente establecen relaciones de codependencia, las cuales, sabemos, no son saludables.




Apego Evitativo

En este tipo de apego, los niños tienen una total desconfianza en su madre o padre. Sienten que no pueden contar con nadie y tienen un temor inmenso a ser heridos o lastimados por los demás. Los niños con este tipo de apego no evidencian su incomodidad ante la ausencia del padre o de la madre, ya que no tienen confianza en la protección que estos le pueden brindar. Pero estos no son sentimientos que nacen de la nada, sino que deben haber sido ocasionados por alguna actitud descuidada o indiferente por parte de la madre o del padre.

Las personas que han sufrido este tipo de apego, cuando son adultos no son capaces de establecer nexos duraderos y estables con ninguna persona. Temen ser heridos y por lo tanto rechazan la intimidad con otras personas. Por supuesto, no son felices.

Apego desorganizado

El apego desorganizado es mucho más complejo que los anteriores, ya que resulta ser una mezcla de los dos últimos. Los niños que experimentan este tipo de apego tienen una conducta variada: muestran angustia y temor cuando su madre o padre no se encuentran cerca, pero cuando lo están, los rechazan. Son muy infelices, viven enfadados y angustiados. No son capaces de regular las emociones que experimentan.

Los adultos que experimentaron este apego en la infancia, por supuesto no son felices. No son capaces de establecer relaciones estables, viven llenos de frustración e ira. Rechazan la intimidad emocional, aunque quizás en el fondo es lo que más anhelan.

Como puedes ver, lo que sentimos y hacemos en nuestra niñez repercute directamente en nuestra vida adulta. Por eso es importante que los padres ejerzan sus roles de la mejor manera posible para así garantizar la felicidad y el bienestar del niño y del adulto en el que éste se convertirá.