domingo, 17 de febrero de 2019

LA ETERNA BÚSQUEDA DE LA PAREJA "PERFECTA" PUEDE DEJARNOS SOLOS


Nadie desea conformarse, pero cuando nuestros estándares son demasiado altos, podemos caer en una espiral de inconformidades que paulatinamente nos hace acabar solos.

Es necesario establecer ciertos parámetros de lo que buscamos en una pareja, pero es imprescindible comprender que jamás podremos conseguir cada cosa que deseamos en otra persona.

En esta publicación te enseñaremos por qué buscar demasiado a la pareja “perfecta”, te resta posibilidades de ser feliz junto a la persona con la que ya estás.

¿Quiénes son los maximizadores?

Este es un término que se emplea para calificar a las personas que siempre anhelan conocer a alguien mejor.

Y aunque la mayoría de las veces consiguen cumplir con sus “objetivos” de satisfacer sus gustos con parejas que les complacen, pocas veces son felices en el proceso o junto a la pareja seleccionada. Por más que tengan en frente al compañero ideal, las dudas les embargan de tal manera que experimentan insatisfacción, estrés, inseguridades, y miedos constantes.

La capacidad de reflexión que maneja este tipo de personas, es mucho más rápida y constante que el de aquellos que son más “relajados” cuando de encontrar pareja se trata. Incluso pueden sufrir de arrepentimiento al compartir con otras personas, porque se preocupan en extremo por la opinión ajena y además también tienden a ser prejuiciosos y envidiosos. El éxito ajeno les afecta, ya que creen que ellos se están quedando atrás respecto al prójimo.




¿Cómo afectan los maximizadores a sus relaciones?

Para comprender lo que sucede con los maximizadores os presento este ejemplo:

Supongamos que siempre deseaste un empleo en el que te pagaran mucho dinero y consigues que una empresa internacional te contrate, otorgándote excelentes remuneraciones, bonos extras, pasajes para tus vacaciones y además el ambiente laboral es muy bueno. Pero resulta que después de seis meses comprendiste que ¡odias ese empleo! Te incomoda encasillarte en una misma labor monótona día tras día y últimamente no te apasionan ni los lugares de esparcimiento a los que te envía la compañía. Algo dentro de ti te grita: ¡Puedes encontrar algo mejor!

Ahora bien, los maximizadores en el plano personal, por más que permanecen por un tiempo con alguien que cumple con sus “requisitos”, luego pierden el interés, porque sus estándares han cambiado y ya nada les compensa, ¡las metas han crecido!

Por ello, difícilmente llegan a casarse y de hacerlo tienen más riesgo de enfrentarse a uno o más divorcios.

Sin compromisos

Debido a la preocupación por evaluar nuevas y mejores opciones, los maximizadores no se comprometen con sus parejas actuales.

En lugar de ello, después de iniciada una relación empieza a notar únicamente dificultades para continuar con el otro, porque se centran en todos sus fallos (no me gusta su falta de sensibilidad, no está a mi altura, es poco atento(a), vive el día a día sin ahorrar, entre otras).

Si la pareja es una persona apacible e “ideal”, el maximizador se encargará de generar problemas para que explote de algún modo y así tener la excusa perfecta para abandonarle. O lo que es lo mismo, “envenenará su propia relación”. De esta forma justificará su acción de huida alegando por ejemplo que el otro es “tóxico”.

Acaban siendo los solteros que viven esperando que surja una persona mejor, para así entregarles todo su amor y devoción.

En conclusión

Esta clase de personas son totalmente insaciables, perciben las relaciones amorosas (y a veces las laborales), como si se tratara del dicho “del vaso medio vacío”. Mantendrán un pie fuera de la relación esperando conseguir algo mejor y un pie dentro para mitigar la sensación de soledad.

La realidad es que conseguir a la pareja ideal es una cuestión de mentalidad, ya que como tal la pareja perfecta es un mito.

Solo que cuando estamos junto a alguien, se hace necesario evaluar la manera en que nos sentimos y cómo hacemos sentir al otro, dejando a un lado la presión social, las dudas y aprendiendo a tolerar las dificultades de quien se ha comprometido a acompañarnos en el camino de la vida.