miércoles, 9 de septiembre de 2020

¿CÓMO SABER SI TU HIJO SUFRE DEPRESIÓN?

Para este post contamos con una invitada especial, la Doctora en Psicología y Psicóloga Clínica Iratxe López. Es la directora del centro Iratxe López Psicología que está ubicado en el centro de Bilbao. Iratxe trabaja con un grupo de psicólogas especializadas en diferentes ámbitos. Atienden a niños, adolescentes, adultos y parejas con distintas dificultades.

Son muchas las personas que piensan que la depresión es una enfermedad casi exclusiva de los adultos. Sin embargo, los niños también pueden desarrollar depresión. Por desgracia, muchos niños con depresión no reciben el tratamiento adecuado porque los adultos no saben reconocer que estos niños están deprimidos. Esto se debe en parte a que puede ser difícil diferenciar entre depresión infantil y un comportamiento normal propio de la edad. Además, los síntomas de la depresión infantil son diferentes a los síntomas que podemos ver en los adultos deprimidos. Todo ello, dificulta que los niños puedan ser diagnosticados adecuadamente.

Es importante que los padres y madres, profesorado y otros adultos aprendan sobre la depresión infantil. Una vez que se comprenden los síntomas de la depresión en los niños y las razones por las que los niños la desarrollan, es más fácil poder ayudarles.

Características de la depresión infantil

Como decía antes, la depresión infantil suele manifestarse de forma diferente a la depresión en adultos. Esto ocurre así sobre todo porque los niños suelen tener dificultades para expresarse y hablarnos sobre sus emociones. No tenemos que olvidar que el vocabulario emocional de los niños es limitado. Cuando en las sesiones pregunto a un niño cómo estás, sus respuestas no suelen ir más allá de bien o mal (sobre todo en los más pequeños). Por este motivo, los niños nos comunican que se sienten mal de otras maneras como, por ejemplo, mostrando su agresividad.



Además, es importante diferenciar entre depresión infantil y sentimientos de tristeza normales, que forman parte de la vida. De modo general, podemos decir que cuando los síntomas duran e interfieren con las actividades sociales, los intereses, el colegio y/o la vida familiar, el niño puede tener depresión.

¿Cuáles son las causas de la depresión infantil?

La depresión infantil puede ser el resultado de una combinación de factores. Es posible que estos factores de riesgo por sí solos no expliquen el trastorno del estado de ánimo, pero pueden influir.

Estos son algunos factores de riesgo que aumentan las posibilidades de que un niño desarrolle depresión:

 - Salud física: Los niños con afecciones médicas crónicas o graves tienen más probabilidades de estar deprimidos.
Acontecimientos estresantes: Los cambios en el hogar, el colegio o con los amigos pueden aumentar el riesgo de que un niño tenga síntomas depresivos.
Ambiente: Una vida hogareña caótica o estresante puede poner a un niño en mayor riesgo de sufrir un trastorno del estado de ánimo como la depresión.
Historia familiar: Los niños que tienen familiares con trastornos del estado de ánimo o depresión pueden tener más probabilidades de desarrollar depresión a una edad temprana.
Desequilibrios bioquímicos: Los niveles desiguales de ciertas hormonas y sustancias químicas pueden afectar el funcionamiento del cerebro. Esto puede aumentar el riesgo de depresión.

Algunos indicadores de depresión en niños

Puesto que a los niños les resulta complicado explicar cómo se sienten, es importante que nos fijemos en algunos signos y síntomas claves a los que prestar atención, especialmente si suceden juntos durante varias semanas y no son propios de tu hijo. Es decir, si tu hijo antes no era así. Los niños con depresión pueden:

Tener poca energía y no sentirse motivados.
 - Pierden interés fácilmente en una actividad que antes solían disfrutar.
 - Tienen dificultades para escuchar y concentrarse en las tareas.
 - Hacen comentarios negativos sobre ellos mismos.
No quieren pasar tiempo con amigos.
Buscan lo negativo, en lugar de ver los aspectos positivos de las situaciones.
 - Son difíciles de complacer.
 - Se irritan, agitan o enfadan fácilmente.
 - Parecen tristes y lloran fácilmente (además, cuesta calmarles).
 - No tienen interés en la comida o comen en exceso.
 - Tienen problemas para dormirse, permanecer dormidos o despertarse temprano.




Por supuesto, no todos los niños deprimidos tienen todos estos síntomas. De hecho, la mayoría tendrán diferentes síntomas en diferentes momentos y en diferentes entornos. Aunque algunos niños pueden seguir funcionando razonablemente bien en entornos estructurados, la mayoría de los niños con depresión significativa sufrirán un cambio notable en las actividades sociales, pérdida de interés en el colegio y/o bajo rendimiento académico.

Por otro lado, como puedes imaginar, estos síntomas no son exclusivos de los niños que tienen depresión. Por ejemplo, un niño hiperactivo puede tener dificultades para escuchar y concentrarse en las tareas. Hacer un diagnóstico es una tarea muy complicada que siempre hay que dejar en manos de los especialistas. Es de suma importancia que no saques conclusiones precipitadas sobre lo que le ocurre a tu hijo. Lo que si puedes hacer es estar atento a estas señales.

Por experiencia, te recomendaría que estés especialmente alerta a los síntomas de irritabilidad y agresividad. Es una de las formas más comunes en las que los niños manifiestan su tristeza, especialmente, los niños más pequeños.

¿Qué puedes hacer si crees que tu hijo sufre depresión?

La depresión infantil puede tener un impacto grave en la vida de un niño, por lo que siempre es importante estar atento a las señales de advertencia de que tu hijo puede estar deprimido. Es importante que estés dispuesto a hablar sobre lo que siente tu hijo. Asimismo, ten cuidado de no juzgarle, ni quitar importancia a sus sentimientos. Las intervenciones tempranas con un psicólogo pueden ayudar a los niños a volver a la normalidad antes de que los síntomas de la depresión afecten a su vida y su capacidad para funcionar. Además, el diagnóstico de depresión infantil debe hacerlo siempre un psicólogo o un psiquiatra.